El Rey está desnudo

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Lucha de clases

Alberto Garzón (aka @agarzon, diputado por IU en el Congreso): “entre clases no hay paz nunca; la guerra tiene muchas caras. Y vivimos una guerra de clases muy evidente”.

Entrañable, ¿verdad? ¿Qué puede haber mejor que a los propios parlamentarios del Congreso alentando a la conflictividad social? Por no hablar del ínclito Sánchez Gordillo, esa analfabestia que lleva viviendo 33 años del trabajo de los demás sin dar un palo al agua y que cobrando dos supersueldos (alcalde y diputado regional) ahora alenta a la agresión y el robo como parte de su “lucha armada” (¿¿??).

Lo malo de ser un miserable es que corres el riesgo de que se vuelva contra ti, y eso le puede pasar a los señores arriba citados, y por extensión a todo su partido político y a todos los partidos políticos en general.

Porque sin saberlo, y no de la forma que él cree, el jovenzuelo quincemayista de champán y caviar tiene razón: hay una lucha de clases. Esta lucha es más que evidente (como él bien dice) y se palpa en el día a día. Esta lucha de clases va a acabar desatando una conflictividad que probablemente cambie el panorama político y social del país. Pero esta lucha de clases no es entre quien el “señorito” (póngase voz de Gracita Morales) cree, no. Esta lucha de clases es entre “ellos” y “nosotros”: existe una lucha de clases, sí, pero entre la casta/clase política y el resto de los ciudadanos. 

Y el “señorito” pertenece a esa “clase” política a combatir. Una clase política que lleva más de 40 años viviendo del trabajo de los demás (vale, él algunos menos, pero con iPad), completamente alejados de la realidad del día a día de los ciudadanos; una clase política que crea “problemas” para luego proponer soluciones a los problemas que ellos han creado y que así los ciudadanitos les estemos eternamente agradecidos; una clase política que incita al enfrentamiento inventando cuentos de hadas (léase, nacionalismos varios, sean central o periféricos) para que andemos entretenidos mientras ellos comparten en privado coñac y puro; una clase política que se ha parapetado en su castillo de privilegios, asesores, coches oficiales y viajes inflados con dietas a cargo del contribuyente y que no está dispuesto a dejar de disfrutar tales privilegios porque, oh, gran maravilla del Estado Democrático, ellos tienen el poder de hacer las leyes, de ejecutarlas y de elegir a quienes tienen que vigilar su ejecución; una clase política, en definitiva, que se cree por encima del bien y del mal, para la que la corrupción no tiene consecuencias, ni el despilfarro del dinero ganado con mucho esfuerzo por el contribuyente, y que goza de una sensación de inmunidad casi divina. De hecho, por encima de ellos “sólo está Dios”. 

Es pues entre esta “clase” y los ciudadanos de a pie entre los que hay “guerra de clases”. Me alegra que el “señorito” Garzón haya lanzado la idea, porque es una gran idea: la guerra de clases es muy evidente, y tiene que saldarse pasando por la guillotina virtual de los privilegios a todos esos seres endiosados que llevan años riéndose de las penas y desgracias de todos los ciudadanos. 

Es cierto, Alberto, hay una “guerra de clases muy evidente”, y tú estás entre los primeros que caerán cuando se produzca nuestra particular “toma de la Bastilla”. ¿O acaso crees que te vas a librar?

P.D. En el caso particular de los parlamentarios de IU está además legitimada y autorizada la “expropiación” de sus bienes (antes era “robo” pero en virtud de la “neolengua” de la izquierda, ahora se denomina “expropiación), ya sean viviendas, automóviles u otros bienes materiales en beneficio de los “más pobres” (esto es, cualquier otro ciudadano). Así que adelante, a “expropiar”.